17 de diciembre de 2007

Historias de Portugal: Inés de Castro

Año 1340. Corte Portuguesa.

El rey Afonso IV o bravo era ya un anciano y quería morir viendo su estirpe afianzada en el trono de Portugal. Para ello concertó la boda de su primogénito Pedro con Constanza, una noble de una poderosa familia castellana. Pero las cosas se torcieron y el joven infante se enamoró de quien no debía: una joven gallega del séquito de su futura esposa: Inés de Castro.

Esto incomodó al rey Afonso, que la mandó degollar. Pedro enfureció y, con una facción de tropas que le era fiel, declaró la guerra total a su padre. Al tiempo, cambió de táctica y se apaciguó (o lo fingió) y se reconcilió con el rey. Al año su padre falleció y él pasó a ser Pedro I o cruel.

Lo primero que hizo al ajustarse la corona fue mandar capturar a los asesinos de su amada, huidos a Castilla, a los que hizo arrancar el corazón para luego comérselo.

Mandó desenterrar a la joven, que ya llevaba dos años muerta, y la hizo sentar en el sitial que le correspondía a la reina de Portugal, vestida y ensortijada de acuerdo a su rango. Y toda la corte tuvo que pasar a rendir honores a los nuevos reyes, ceremonia que incluía un besamanos.


Esta es la versión novelesca de la leyenda que, salvo en los detalles más escabrosos (lo de arrancar el corazón es verídico) es histórica. Amor, pasión, adulterio, guerra, diplomacia, violencia, crueldad, venganza. Ingredientes de buen guión para que Tarantino hiciese su próxima película.

Wikipedia portuguesa
Wikipedia galega
Wikipedia castellana

Cuando Pedro I vio próxima la muerte, mandó ser enterrado en un sepulcro enfrentado por los pies al de Inés para que, el día de la resurrección de los muertos, fuera el rostro de su amada lo primero que vieran sus ojos inmortales.

Los sepulcros fueron colocados en el Monasterio de Santa María de Alcobaça, a sólo media legua de donde tendría lugar pocos años después la batalla de Aljubarrota.
















































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12 comentarios:

Desesperada dijo...

qué amor tan tenebroso, mendigo... y sin embargo me ha acercado un poco más a ese rey apodado cruel... me gustan estas historias de la historia que nos cuentas.

El mendigo dijo...

El amor es, a fin de cuentas, una pasión. Y como todas, esclaviza al que se cree liberado en él.

La Historia está llena de historias fascinantes; unas conocidas, la inmensa mayoría perdidas en el olvido toda vez que se borraron en las lápidas las letras de los nombres de los protagonistas.


De todas formas Deses...no te fíes. Que ahora el Mendigo está cultureta, pero a la que vuelva del parón navideño lo hará, eso espero, con el látigo en las manos, dispuesto a medir con él las espaldas de Tirios y Troyanos.

Raíña Loba dijo...

Aunque en estas fotografías no se ve, las estatuas están cogidas de la mano. Me pareció bonito.
Y el perro guardián tiene una cara muy simpática y expresiva.

Quizás las pasiones nos hagan esclavos, pero me gusta sentir hasta los extremos, sin medida. Ser comedidos me parece anodino.

Desesperada dijo...

pues esperaré la etapa látigo, je je je, a ver si me gusta más que esta!

Campurriana dijo...

A mi me gusta esta versión dulcificada de nuestro Mendiguiño...
Y es que estas pasiones son las que han cambiado el rumbo de la historia...porque con ellas confirmamos que el sexo es la única fuerza que domina el rumbo de este pequeño mundo...
No quiero ni pensarlo...
:)

Campurriana dijo...

Por cierto...
Me han encantado estas fotografías y ese romanticismo que se deja ver tras ellas. Esos animales de piedra y de fuego que nos cuentan la leyenda con sus gestos...
Muy buena esta entrada.
Mis felicitaciones y a seguir con esta versión cultureta del blog que tanto me gusta.
:)

El mendigo dijo...

No es romanticismo, sino gótico en plenitud.

Y no me piques, rosquillita, que vuelvo a dar la brasa con Chávez y Daniel Ortega.

Por cierto, discípula, leíste ya el manual de la cámara y los artículos de la Wiki?

Campurriana dijo...

Bueeeeeeeeeeeeeeno, todavía no....
:(

flor de un día dijo...

Bueno, yo creo que puede considerarse un poco como romanticismo. No en el sentido literal, pero tal como lo has expuesto, para mí es romántico.
Y más que simpática, el perrito a mí me parece que tiene cara bastante tristona. Quizás incluso exagerada, casi humana, con las comisuras de los labios tan marcadas.
Y los que saben que no son libres, los que son conscientes de ello, crees que no se sienten esclavos? Naciendo, ya no somos libres. Soy esclava de todo lo que me rodea, lo que amo y lo que odio, lo que me altera y lo que me alivia. Sé que no soy libre por haber nacido. Y me revuelco de placer sabiéndome esclava.
Pues eso. Yo también voto por el mendiguito romanticón. XDDD!!

El mendigo dijo...

Era por meterle un poco el dedo en el ojo a campu. Si, ya sé que la historia puede ser considerada como romántica por la temática.

El perro es genial, llorando la muerte de su amo y calentándole los pies por toda la eternidad.

Es una escultura gótica, de hace más de seis siglos. ¡Con esa expresividad! Si es que parece que escucho sus gemidos.

Maravilloso.

En cuanto al rollo de la esclavitud, ni idea de a cuento de qué viene. Que no seamos totalmente libres es evidente, pero no es óbice para no intentar ser más libre, a liberarse cada vez de más cadenas. De hecho, el saberse esclavo es el primer paso para romperlas.

António José Ramos dijo...

mui bien... "compadre"

Anónimo dijo...

Hola,

Alguien me puede decir donde puedo encontrar la pelicula de Ines de Castro?

Gracias