14 de diciembre de 2007

Historias de Portugal: Aljubarrota



La panadera de Aljubarrota
Se llamaba Brites de Almeida. Era huesuda y muy fea y tenía seis dedos en cada mano.
En Aljubarrota el día 14 de Agosto de 1385 cogió la primera arma que encontró y se juntó a las huestes portuguesas. Entre otros, mató siete castellanos con la pala de su oficio, que se habían escondido en el horno.

Desde luego, para que siendo portuguesa sea considerada como fea, es que debía ser algo sobrenatural, terrorífico.

JOAS JOAS JOAS

Este es el caso típico que comentaba antes: todos los escolares portugueses saben, más o menos, lo que pasó en Aljubarrota. En cambio, no aparece en ningún libro de texto español, a pesar de haber sido una batalla decisiva para el futuro del reino de Castilla y la conformación de lo que luego sería España.

El ejército castellano sufrió una durísima derrota por un enemigo numéricamente inferior, pero mejor colocado y menos fatigado. La victoria supuso el afirmar con la violencia la voluntad de independencia de los portugueses de los designios de Castilla.

Lo cual me lleva al razonamiento de que la única forma de defender una cultura, una lengua, sea con un estado independiente. El otro razonamiento es más triste: para lograrlo que Castilla se avenga a razones, hay que hacerlo en el campo de batalla con una carnicería.

La existencia de la panadera es dudosa, pero la ferocidad con que fueron perseguidos los castellanos vencidos por tropas y lugareños fue muy real.

Porque la leyenda de la panadera es eso, una leyenda, la creación de una walkiria o mujer guerrera (como María Pita o Agustina de Aragón, éstas con más base histórica) que poner de ejemplo a los hombres para que, heridos en su orgullo de macho cabrío, espantasen el muy natural miedo a la muerte.

Luego queda pensar de qué le sirvió la independencia a los portugueses: no depender de la nobleza castellana para depender de la nobleza portuguesa y de un clero represor y oscurantista como pocos, que llevaron a Portugal a convertirse en el perrillo faldero de las potencias dominantes, ora Francia, ora Inglaterra, buscando protección ante la brutal Castilla.

Al final, para pasar de ser un riquísimo imperio comercial, a ser el rabo de Europa, a la cola de todas las estadísticas (es un alivio para los españoles que existan Portugal y Grecia).

Lo cual lleva a la conclusión de que la independencia, por si sola, no arregla una mierda.


La única conclusión provechosa de ese crimen institucionalizado que es la guerra, glorificado por el bando ganador y borrado de la memoria por los perdedores, es que el rey João I mandó construir, para celebrar su triunfo, una de las obras arquitectónicas más bellas que existen en la península: el monasterio de Batalha.



Entiendo que João I, en agradecimiento a la ayuda divina que recibió en la batalla, gastara una brutalidad de fondos en hacer esa maravilla de piedra. Lo que no acabo de entender es porqué su homólogo (y homónimo, hasta en el número) Juan I de Castilla, el derrotado, no destruyó a su vez una iglesia para vengarse de esa misma ayuda divina que le había negado la victoria ante un enemigo muy inferior.

La respuesta es simple: porque eran Dioses diferentes. Porque João I y sus tropas rezaban al Dios portugués. Y porque los castellanos en su huída rezaban al Dios castellano para salvar la vida. Y si el Dios portugués estaba presente y activo, el Dios Castellano prefirió ese día holgar.

Porque imaginar que sólo haya un mismo Dios, y que ese día haya decidido ayudar al enemigo, entran ganas de cagarse en Él.

El monoteismo no sólo es falso, es absurdo. Existen infinidad de Dioses, tantos como creyentes. Cada uno le reza a su Dios particular, creado a su imagen y semejanza.

4 comentarios:

Desesperada dijo...

Me alegro de haber descubierto tu blog gracias a mi juicio, es realmente interesante. Desconocía la historia de la panadera, curiosa de verdad. Es increíble todas las gilipolleces que ha hecho la humanidad en nombre de sus dioses.

Raíña Loba dijo...

Me habría quedado allí todo el día para ver con más calma y uno a uno todos los detalles que tenían la puerta, las columnas... y romper de una patada la puerta de madera que me impedía subir a las torres y sus balconcillos :)

Campurriana dijo...

Interesante entrada, Mendiguiño.
Y bellísima fotografía.
Miles de puntos de vista que se esconden en miles de momentos, miles de circunstancias personales...
Y así somos.

Anónimo dijo...

Antes a morte que tal sorte [ser espanhol].
Antes la muerte que tal suerte [ser español].