23 de enero de 2007

El Divino Marqués

Donatien Alphonse François de Sade, más conocido como marqués de Sade o "el Divino Marqués", nació en París en 1740 en una familia aristocrática.


Sade traspasa el límite de todo precepto moral, con sus novelas llenas de erotismo, pornografía, sadismo... nos introduce en un mundo de fantasías sexuales que quizás todos tenemos en lo más profundo de nuestro inconsciente.

De hecho parece que él se inspira en su vida real para escribir las novelas o viceversa.

Su gran fantasía, su deseo de vivir, saborear, experimentar todas las sensaciones posibles e inimaginables, el ansia de libertad sin ningún tipo de ataduras éticas, políticas, sociales...la filosofía de cómo cree que se debe aprovechar la vida, hace de éste un personaje muy peculiar.

Hay algunos datos curiosos sobre su vida, desde que inició su vivencia sexual al ir a vivir con su tío el abad de Sade, que mantuvo relaciones con su cuñada, que su ateísmo rozaba el fanatismo... y una larga serie de andanzas y libertinajes con personas de ambos sexos, que siempre le mantuvieron más tiempo en prisión que en su castillo.

Lo que me gusta es que él se aceptaba como era, sin disfraces ni disimulos.

Termina sus días en el manicomio de Charenton dónde muere en 1814. Lástima que uno de sus hijos quemara todos los manuscritos inéditos.

He leído las siguientes novelas y ninguna me dejó indiferente:

JUSTINE

Tras quedarse huérfanas, las dos hermanas Juliette de 14 años y Justine de 12 se separan, la primera se va a una casa de citas y se convierte en una prostituta de lujo, en cambio Justine férrea a sus valores morales elige el camino de la virtud.

En este camino le suceden mil desventuras, empezando por dar con sus huesos en la cárcel, ser golpeada y torturada hasta casi morir, ser violada, sodomizada, y humillada.

En esta novela, Sade pone de manifiesto su filosofía de la vida:
es más ventajoso practicar el vicio y no la virtud, ya que el vicio al no estar atado a valores y principios prospera libremente, mientras que la virtud está limitada.


FILOSOFIA EN EL TOCADOR

Eugène una joven privilegiada de 15 años, es educada sexualmente por unos personajes egoístas, crueles, sodomitas, disolutos, libertinos y depravados y ella se deja arrastrar gustosamente a esa vida de vicio y perversión.

En esta obra además del erotismo y sadismo, se mezclan ideas políticas y sociales.

Algunos de los diálogos en forma de teatro que se suceden en la novela:


Dolmancé — Sí, caballero... Cosquillee el clítoris de su hermana.

El Caballero — Prefiero follarla: tengo duro el miembro todavía.

Dolmancé — Y bien, entiérresela mientras me presenta el culo: yo lo fornicaré durante este voluptuoso incesto. Eugène, armada de este consolador, me dará por culo. Destinada a representar algún día los diferentes placeres de la lujuria, es preciso que se ejercite.

9 comentarios:

O mendiño dijo...

Él mismo escribe la que quizá sea la mejor definición del masoquismo:




-Todo esto depende del cinismo-, dijo Curval sobando las nalgas de Fanchon.

-¿quién no sabe que el mismo castigo produce entusiasmos?

¿Y no hemos visto ponérsela tiesa a alguien en el momento en el que se le deshonraba públicamente? Todo el mundo conoce la historia del marqués de-, el cual, en cuanto se le comunicó la sentencia que le condenaba a ser quemado en efigie, sacó la polla de los calzones y exclamó:

" - ¡Me cago en Dios!, he llegado al punto que quería, ya estoy cubierto de oprobio y de infamia: ¡dejadme, dejadme, tengo que correrme!"

Y lo hizo en aquel mismo instante.




Este pavo no era un loco que se dedicaba a decir teta, caca, culo. Tenía una sólida cultura y era un pensador, cuando menos, respetable. Uno de sus textos más conocidos es un pequeño cuento: Diálogo entre un cura y un moribundo

Que lo disfrutéis

Estreliña dijo...

Me habría gustado tener esa mentalidad tan abierta, no tener miedos sociales ni religiosos que condicionaran mis actos y pensamientos. Ser capáz de lanzarme sin paracaidas a la vida que hubiese desado.

Al no tener cerca una persona con la mitad de personalidad que tenía sade,me he pasado una buena parte de mi vida rompiendo ataduras.
Aún me queda camino por recorrer y descubrir.

Campurriana dijo...

Raiña, estas imágenes me recuerdan a esas torturas tan horribles que se practicaron no hace muchos años, aunque parezca increíble...

Por cierto, Mendiguiño incluido, podría ser otro tema para ilustrarnos en alguna publicación del blog....es muy interesante, la verdad...

No he leído nada de Sade pero lo que está claro es que son la hipocresía y los frenos impuestos, muchas veces sin razón, los que nos hacen menos felices o incluso infelices innecesariamente. La vida es lo que vemos y nada más....disfrutemos y dejemos disfrutar...¿es tan difícil?.

hevita dijo...

Sade debió de ser todo un personaje. Derrocha lucidez, es desafiante, mordaz, tiene un humor libertino y crítico a la vez. Me gusta.
Pensar en él, normalmente me produce una sensación un poco extraña, por eso.
Por un lado, leyendo alguna de sus obras, admiro tanto progreso, tanto avance (mental y material). Y por esta misma razón, también me entristece un poco pensar en lo poco que hemos recorrido (a esta última conclusión se llega no sólo pensando en Sade, sólo hace falta observar un poco cómo está el patio). Hablar y actuar sin tapujos, sin mentiras ni falsas promesas ni miedos... Parece sencillo, no? Je!
Por otro lado, escarbando un poco más en sus ideas (las que supongo vagamente) y en su biografía, estoy segura que se lo pasaba igual de bien siendo protagonista de muchas de esas historias, que contándolas y viendo cómo la gente se sobresaltaba y se santiguaba con solo verle pasar. Me gusta que destapara historias que sabía que iban a ser escandalosas (seguro que esto último aún le complacía más, era como un extra a su ya da por sí extasiado placer). Pero me cuesta mucho el pensar que el fin que tenían sus actos era pura y simplemente él. No tener en cuenta a nadie ni nada más que mis deseos... Me es complicado.

El mendigo dijo...

Galletita, desprecio la tortura y cuando he escrito sobre ella ha sido para denunciarla. Sea en los sótanos de Intxaurrondo, sea en los aviones de la CIA con escala en Palma, sea Abu Graib.

Cuando deje de emplearse y sea sólo un recurso de un pasado brutal, puede que tengas ganas de escribir sobre ella.

Por otra parte, huelo en el ambiente un sentimiento de adhesión a ese pobre incomprendido que era el divino marqués.

No, no, no os confundais. Sade era un grandísimo hijo de puta, que mató a su primera mujer con 15 años, que tenía aterrorizado a todo su servicio y que todas las putas de París le temían. Postula la supremacia del hombre por el hombre, el hombre como medio. Uno de sus goces es el de causar dolor, humillación, miedo.

Si me encanta este personaje es por lo interesante que es su lectura, porque habla sin hipocresía del alma humana. Porque, al final, todos tenemos un Dolmance dentro. Un libertino (yo desde luego), pero también un diablo que disfruta con la tortura y la crueldad. Este tipo en vez de esconderlo lo mira a la cara, lo asume, y eso le hace tremendamente interesante. Además de que es un buen escritor, piensa bien y tiene unas intuiciones geniales.

Para complacerse con la lectura no hace falta compartir las opiniones que lees, no hay que ser tan cerrado de miras. Rechazaría muchas de esas violencias de ejercerse (la violación, la tortura) pero me parece muy interesante leerlas y analizarlas.

Lo digo por los censores de todo lo que no es políticamente incorrecto. Las ideas, las palabras, los libros y las caricaturas...no hieren. Ningún límite es aceptable a las ideas.

hevita dijo...

No me voy a poner a juzgar a nadie (no, no me mojo), pero desde luego, sí que admiro la valentía y la manera de vivir de Sade (hacía lo que quería, lo único que le frenó de vez en cuando, a temporadas, fueron sus estancias en la cárcel). Pensaba sin hipocresías. Lo que no llego a concebir (puede que a aceptar, no lo sé) es su manera de actuar, en algunos casos. Pero actuaba como pensaba... Luego... Toda la libertad que quería. Pero no consentía la libertad de los demás... Es difícil de razonar.

El mendigo dijo...

¿De verdad crees que existe contraposición entre tu libertad y la de los demás?

La puta cantinela de tu libertad acaba donde empieza la del otro...

Ese pensamiento es de liberticida. De maestrilla de colegio.

Un anarquista no concibe la libertad si no es a través de la de los otros. No eres libre si a tu lado hay un esclavo. La libertad es un bien superior que no tiene contraposición ni límite alguno.

El mendigo dijo...

Sade es el gran impío.

Su genialidad consiste en poner en cuestión los valores morales establecidos.

La sodomía, el estupro, la homosexualidad, la violación, el incesto, la blasfemia, el bestialismo, la pederastia, la tortura... ¿porqué no?

Esos valores que antes venían impuestos por una autoridad que los cimentaba en una procedencia divina, Sade los derrumba, niega toda autoridad de los que hablan en nombre de un Dios para dirigir la moral de nadie. Hace tabula rasa y sostiene que no existe ningún límite para la conducta del ser humano.

Evidentemente, yo sí que pienso que existen límites morales, pero veo grandeza en cuestionarlos todos y, sobre todo, cuestionar su origen divino. Los límites a nuestra conducta son los que nosotros, los hombres, nos queramos fijar. Nosotros, y no ningún Dios o, mejor dicho, ningún santón iluminado que dice hablar por boca de Dios.

hevita dijo...

No, claro que no creo que no hay oposición. La supuesta libertad de cada cual es suya, propia. Pero resulta que no vivimos solos.
O sí…
Vaya, me refiero a que estamos rodeados de millones de personas que a su vez tienen sus supuestas libertades. No sé si la frase que comentas tenía una base religiosa, si pretendía mezclar las nociones de Bien-Mal con la de Libertad. No estoy de acuerdo que la libertad tenga que acabar, al contrario, si es realmente libertad no termina, y menos para dejar que avance la del prójimo. Lo que quería decir es que para mí el tal sade sí que restaba libertad a los demás. Y cómo voy a ser más libre robando ese bien al de al lado? Al contrario, me veo encadenada a él. Puede que esté mezclándolo con una cuestión moral, pero a mí no me entra de otra forma, lo siento. El tal sade, sin ir más lejos, de alguna manera, también estaba sujeto. Para mí era un condenado de por vida. Como todos, de hecho.
Existe la posibilidad de que llegue a existir esa Libertad verdadera, sin condicionantes de ningún tipo? En realidad debe de ser así, pero veo imposible que esa idea llegue a desarrollarse plenamente.