1 de junio de 2008

Europa esclavista



Italia tiene un grave problema, un cáncer social.

Italia lleva varios años en parón económico, magnitud verificable de la causa última: la crisis moral en la que está sumida.

El estado italiano tiene que compartir el poder con otros dos grandes señores: la Iglesia Católica y la Mafia.

La Iglesia, dueña aún de las conciencias, sigue jugando a poner y quitar reyes allá donde se lo permiten (aquí lo intentan, y en Italia lo consiguen).

La Mafia sigue siendo un para-estado al Sur de Nápoles, con policías, políticos y jueces a su servicio.

De esta forma, una casta política organizada en clanes y familias, absolutamente desprestigiada pero increíblemente reelegida, es la encargada de gobernar la nave del estado sin disponer en su mano de todos los resortes del poder, que tiene que compartir con las otras dos grandes instituciones.

Sólo una sociedad que acepta con naturalidad la corrupción puede elegir (de forma holgada) como Primer Ministro a un empresario que haría sonrojarse de vergüenza a nuestro Gil y Gil. La corrupción es el cáncer de la democracia, y en Italia la corrupción es admisible y admitida. Todo el mundo sabe que existe, y la tolera (Italia es de los países europeos con mayor fraude fiscal).

Un dato que me llamó la atención: el palacio del Quirinal, sede del gobierno italiano, tiene un presupuesto que triplica al Palacio de Buckingham. Otro ejemplo: los europarlamentarios italianos cobran más que cualquiera de sus colegas. Al menos sangrante para un país que encadena varios años consecutivos con crecimiento cero.

Corrupción política y superstición católica, tan frecuentemente de la mano.

La crisis económica no es más que una consecuencia de la falta de valores en la vida pública italiana. Después de ver volar mortadela por el Senado celebrando la renuncia de Prodi, uno se espera cualquier cosa de lo que vaya a venir.

E Italia entera, en vez de mirar el lodazal en que está metida y renovarse por completo, cae en la inmundicia del racismo buscando un chivo expiatorio para unos males que no están sino en sí misma, en los propios italianos. En vez de pedir cuentas a los poderosos de la situación en la que se encuentra su país, la mayoría de los italianos han preferido abrazar el discurso fascista que echa la culpa de todos los males a los inmigrantes: el sector más débil de la población (y sin derecho a voto).

Lo primero: cobarde. Lo segundo: patético.



Así que ahora sobran los inmigrantes en Italia. Nada hay mejor para castigar al necio, que darle aquello que pide. Ojalá se marchasen todos los inmigrantes de Italia. Voluntariamente: ¡ahí os quedáis! Italia iba a conocer la peor de sus crisis económicas, falta de mano de obra.

En general, así debería ser en toda Europa. Si nos abandonasen los inmigrantes, en unos pocos años éramos los europeos los que cruzaríamos el Mediterráneo en pateras buscando trabajo.

Con una población envejecida, recibimos mano de obra ya formada. Alimentar y educar a un niño, no productivo, para luego mandarlo a producir a otro país es una sangría intolerable, que debilita por décadas el país como bien conocemos los gallegos. Esa mano de obra trabaja para pagar las pensiones del número cada vez mayor de españoles-españoles. Y en vez de agradecerles que vengan a sacar adelante la economía europea del marasmo, los criminalizamos.

Tendrían que marcharse.

Y cuando se parasen las cadenas de producción y la fruta se pudriese en las ramas sin manos que la recogiesen, íbamos a llorar nuestra perfidia racista.

En el caso español, no es posible entender el crecimiento económico de los últimos años sin la llegada de mano de obra del extranjero. Y sin embargo, ninguna autoridad del estado ha dado públicamente las gracias a los varios millones de inmigrantes, con o sin papeles, que lo han hecho posible.

En Europa triunfan los que defienden la mano dura con los inmigrantes: Francia, Suiza...ahora Italia. El simplismo en política, como en cine o en música, da sus frutos. Una población embrutecida escucha a Bisbales, va a ver la última de Indianas Jones, y vota a Berlusconis. Las ideas complejas, elaboradas, matizadas, no tienen posibilidad alguna de triunfar: los imbéciles son mayoría.

Como son mayoría los que han sacado adelante la directiva que permite encerrar, durante tres años, a una persona que no ha cometido ningún delito. Rectifico: que no ha hecho daño a nadie. Pues delito ha cometido: la línea entre la legalidad y la ilegalidad la decide el legislador, y éste ha puesto la etiqueta de "ilegales" a varios millones de personas en Europa.
El ladrón es ilegal por sus actos: depende de él no serlo. Pero el sin papeles se convierte en ilegal muy su pesar: ¡Qué más quisiera él que tener papeles! Pero no depende del inmigrante tener o no papeles: los reparte el mismo gobierno que lo sitúa fuera de la ley.

Tres años de reclusión por ser extranjero. Exclusivamente por ser extranjero en otro país.
Esa es la definición de xenofobia, incluida en la de fascismo.

El estado te puede recluir tres años en campos de concentración ¿o acaso no son eso los centros de internamiento? hacinados en muy peores condiciones que en las cárceles donde se encuentran los afortunados presos comunes.

Tres años sin haber hecho daño a nadie. Hay españoles que han pasado menos tiempo en la cárcel después de haber sido condenados como responsables de terrorismo de estado. O por haber torturado a un inmigrante. O por haber robado millones de euros.

Europa fascista.

No me extenderé más analizando las causas de la pobreza de los países de origen. Causas en las que Europa y los USA tienen mucho de lo que avergonzarse. Aunque así no fuera, todo lo anterior es moralmente inadmisible.

Ojalá Europa colmara sus deseos racistas y expulsara a todos los inmigrantes, tendría el castigo que se merece. Ya probó la misma medicina una joven España, que haciendo caso a nobles arruinados y clérigos sin alma expulsó en varias pulsiones racistas a judíos y musulmanes fuera de sus fronteras. Los hidalgos liquidaron las deudas, los nobles pudieron comprar tierras y propiedades a bajo precio. La solución racista parecía ventajosa para el castellano viejo.

A muy corto plazo.

Desmantelado el aparato financiero español, el oro que entraba por un lado de América salía con la misma velocidad camino de las arcas de los banqueros genoveses o flamencos. Felipe II culminó su cristiana labor expulsando a los moriscos: campos, telares y mercados abandonados. Otras manos los sustituirían, pero el conocimiento se fue con ellos.

Los intereses de aquella aventura racista los estamos pagando los españoles desde hace cinco siglos.

Sin embargo, no es la intención de los inmundos políticos echar a los trabajadores inmigrantes. Ni mucho menos es su idea: echarán a unos pocos miles, para contentar a la chusma. Saben bien hasta que punto son indispensables los inmigrantes en la economía nacional, pues son empresarios (o están a sueldo de ellos).

Volviendo a Italia, el país europeo con mayor tasa de contratación en negro, sería una locura expulsar a todo inmigrante sin un contrato de trabajo. Nadie vive del aire: todos tienen un trabajo remunerado, más o menos convencional. Sería catastrófico para la economía prescindir de esa mano de obra, ya que eso paralizaría el sector productivo italiano, Y LO SABEN. Pero no lo dicen, porque eso sería tanto como decir que dependen de los inmigrantes para la buena marcha del país, y es justo lo contrario de los mensajes racistas que quiere escuchar el populacho.

¿Cual es pues la intención de las políticas racistas europeas? Además de ganar votos alimentando el odio, lo cual es profundamente repugnante, quieren continuar con la larga tradición esclavista europea.

El trabajador nacional ya ha perdido casi toda su libertad y poder: hipotecado hasta las cejas, con un empleo temporal mal remunerado, aislado de sus compañeros y con la enfermedad del consumismo corriendo por sus venas, está atado de pies y manos ante cualquier confrontación con el empleador. El equilibrio trabajador-empleador se ha venido abajo: el empresario tiene un arma devastadora llamada cola del paro. El paro, se ha dicho muchas veces, es terrorismo patronal. El trabajador está, hoy día, indefenso ante las arbitrariedades del capital.

Si para autóctono la pérdida del contrato de trabajo supone un trauma inmenso, con riesgo de perder su casa y acabar literalmente en el arroyo (en tiempos de crisis, las protecciones sociales menguan; cuando más necesarias son). Si que te echen del trabajo es terrible ¿qué será un inmigrante? La repatriación o el campo de concentración, esa es el arma con que un empresario amenaza cada día a sus trabajadores inmigrantes. El poder político italiano le ha dado al empresario esclavista un látigo mucho más sanguinario: tiene prácticamente la vida de su empleado en las manos.

Perfecto. La explotación del hombre se va refinando: las masas celebran la creación de una clase de sub-trabajadores esclavizados, aún más jodidos que ellos. Así, sentirán que sus desgracias son menos, y tendrán a alguien a quien echar la culpa.

Con una clase trabajadora atada de pies y manos, el capital podrá imponer sus condiciones. Que serán las de siempre: más por menos. Y lo pagarán los inmigrantes, pero también los necios que han votado por el populismo xenófobo.



No reconozco ninguna frontera: todas ellas son creaciones humanas. Ya he dicho que España no existe un montón de veces. Y las que me quedan. España no es un país, aunque sí que lo son Andalucía, Catalunya o Asturias. Pero es que tampoco reconozco esas fronteras: las sociedades no tienen límites precisos sino difuminados y permeables.

Ningún ser humano me es extraño. No conozco más extranjeros que aquellos que con sus actos se sitúan fuera de mi mundo. Ayer hubo una manifestación de extranjeros portando banderas españolas. Como si fueran perros, me resultan ajenos.

Mido a las personas por su sabiduría y su honradez. El lugar donde su madre escogiera (o más frecuentemente le coincidiera) traerlas al mundo me resulta indiferente. El color de su piel no me interesa más que el de su vesícula biliar. El dinero que acumula en el banco no hace persona de más calidad, y sí frecuentemente al contrario.

El no reconocer patrias putas tiene como consecuencia lógica que todo ser humano es mi paisano, y allá donde yo vaya estoy pisando mi tierra.

Las patrias, fronteras y naciones fueron creadas para mejor administrarnos los hombres. Una frontera pasa por aquí, y podría haber pasado por allá. De hecho, hace unos años pasaba por allá, y hace otros años más ni siquiera existía. Y dentro de unos años, pasará por acullá. Y dentro de otros años más, habrá otras fronteras, con otros países, o no las habrá. O quizá ya no haya nada.

¿Condenar a un hombre a tres años de internamiento por el delito de haber nacido a un lado u otro de una línea imaginaria, de una demarcación administrativa, de un puro convencionalismo sin correspondencia material? Los estados se hicieron para mejor servir a los hombres, no para esclavizarlos. Una frontera es sólo eso, un límite porque alguno habría de haber. No implica que los del otro lado sean diferentes, ni tengan menos humanidad.

Condenar un hombre a la muerte por un formalismo burocrático: unos papeles. ¿Es esa una razón? La muerte que les espera a los que vienen en patera, o en los bajos de los camiones, o en las bodegas de carga de los barcos. La muerte que les espera los que son repatriados y abandonados en el desierto por las criminales autoridades marroquíes que nos hacen el trabajo sucio mientras nosotros miramos a otro lado. La muerte que les espera entre las alambradas de Melilla.



Continúa en Que paren este tren.

12 comentarios:

javierM dijo...

Yo cada día estoy más avergonzado de ser europeo. Cada día siento más vergüenza ajena de los políticos que nos rodean. Y cada vez tengo más claro que nos pasarán por encima si hace falta.

El mendigo dijo...

Pero Javi, por sentir vergüenza...

¿No se deberían avergonzar los africanos de ser africanos? Porque gran responsabilidad de lo que pasa en África es de los blanquitos. Pero la parte mayor es de los propios africanos, que consienten el saqueo al que le sometemos los blanquitos.

No me gusta tratar a las poblaciones con condescendencia, sean negritos, chinitos o marcianitos. Todos tenemos una obligación de hacer que nuestra tierra sea más bella, más libre y más justa. Dejar un mejor lugar para que nuestros hijos vivan.

Eso no lo estamos cumpliendo. Desde luego no los Europeos, con nuestro jardín artificial construído a base de dejar el resto del mundo hecho un estercolero. Pero tampoco el resto de poblaciones de las que nos aprovechamos (materias primas y mano de obra a bajo precio) hacen gran cosa por impedirlo.

Aunque, eso sí, siempre tiene cierta disculpa aquel que sufre.


Por otra parte, me da especial repugnancia usar al más débil como cabeza de turco. He oído verdaderas estupideces para justificar el odio al inmigrante.

Así que todo va mal por culpa del que viene de fuera. Que extraño. Yo, para entender el por qué de las tremendas desigualdades que hay en nuestro país no miraría abajo sino que alzaría la vista.

Por poner un ejemplo, mirando los periódicos de hoy:
Los directivos ganan 17 veces más que los empleados

La mejora de la retribución no se alinea con los beneficios

La avaricia de los directivos

Y esto es dinero perfectamente legal; igual que los márgenes comerciales de los intermediarios, los beneficios de los especuladores...toda esta clase de gente que nada en la opulencia sin que su trabajo aporte valor al proceso productivo.

Y eso con el legal. Más los miles de millones que se mueven por debajo de la mesa para formalizar amistades.

Un obrero tarda siglos en poder pagar la vivienda que él mismo construye. ¿Por qué? ¿Quién se queda con todo ese dinero? ¿Quien se aprovecha del trabajo de la gente? ¿Por qué, siendo España tan rica, somos tan pobres?

Increíblemente, el capital ha conseguido convencer al subnormal medio de que la respuesta son: los inmigrantes.

Ellos tienen la culpa de todo eso y más.

Alucinante.

El 66% de las empleadas de hogar trabaja de manera irregular

Raíña Loba dijo...

Es desolador el panorama que nos rodea y dudo que vaya a mejorar.

Siempre es cómodo echar las culpas a otros.
Me sorprenden los comentarios racistas que he llegado a oír y boquiabierta me quedé con la frase que te comenté el otro día: "pobrecitos los negros, ellos no tienen la culpa de ser así ¿acaso ellos están contentos de ser negros? si pudiesen serían blancos"
La estupidez no tiene límites, constatado.

En cuanto a los italianos, me estaba acordando de la policia que nos paró camino de Aosta, qué repugnantes, y con esos uniformes... me recordaba a la guardia civil de los tricornios. Y los otros que nos vinieron a dar la brasa cuando estábamos cenando, sólo quedó tranquilo el pavo cuando le dije que no, no nos quedábamos a dormir en ese pueblo. A ver que le pasaría por la cabeza: furgona extranjera con dos pavos raritos...
En cambio ya hace unos años que nos pasamos por Francia y nunca nos han molestado, más bien casi ni les hemos visto.

Señor De la Vega dijo...

Perfecta descripción, con redacción ligera y palabra justa.
Señor mendigo, pensar lo mismo, no nos hace iguales, pero es evidente que nos introduce en igual burbuja sin fronteras, frente a un creciente absurdo que nos rodea.
No somos pocos, pero no bastantes.
El canto de sirenas es incesante, y elegir entre lo conveniente y lo justo se convierte en difícil requisito, con renuncias y críticas constantes.
Conozco Italia desde hace muchos años años, y me complazco en debatir con italianos su vida y sus caminos, a veces tristes, como ahora.
Créame que el nivel político de los que SÍ lo tienen, es un sueño para mucha de la izquierda de base española; sin embargo esa misma complejidad política, es la que ha generado y genera un hundimiento de las fuerzas.
Por otro lado, la derecha + populismo, siempre lo tienen claro y su elector es previsible. El resto usted, ya lo ha descrito.
En cuanto a los inmigrantes, está muy claro que queremos esclavos, y como en la época más avanzada del colonialismo del XIX y XX, solo el porcentaje justo de "perfecto asimilado", al resto ni un lápiz, ni un derecho, sino el palo.
Hoy en Italia, como en Europa, quién está por unos miserables euros, limpiando a nuestros ancianos las vergüenzas producidas por el aislamiento de la familia, en régimen de 7x24, son las inmigrantes, con mínimas salidas, sin ningún derecho, en muchísimos casos sin regularizar; antes, el miedo era que denunciasen las desagradecidas, hoy con las nuevas leyes, podremos asustarlas si protestan y cerrar el círculo de inacabable extorsión.
Luego esos mismos, hijos y ancianos, se sentarán frente a la Televisión a preguntarse ¿Qué mente enferma, puede violar a una hija y mantener a hijos/nietos, encerrados de por vida?. Hipocresía social o solo hipocresía bordada en conveniencia.
No están mal las cosas, para como deberían, al menos para la mitad de la humanidad... el resto ¿a quién le importa, si no son ni humanidad, sino potenciales ilegales?.
Pasado mañana, se publicará un titular, tejido en la maquinaria del sistema, que nos dirá que la pobreza y los mendigos, son el resultado de "El cambio climático" y lloverá sobre mojado, siempre en la cabeza de los mismos.
Placer en leerle, señor, Z+-----

Félix Soria dijo...

Avergonzarse de ser europeo es lógico, pero inútil; los europeos en general no somos responsables directos de la ignominia.
Es curioso comprobar que la mayoría de los europeos criticamos --otros evitan siquiera hablar de ello por vergüenza-- las aberraciones del sistema, pero pocos son los que señalan a los responsables ciertos de lo que ocurre: especuladores (entre los que destaca la mayoría de la banca) y los gobiernos que sirven a los primeros (y no por ideología, sino por interés o por comodidad).
Desde siempre, la actitud ante esas aberraciones económicas y a los enriquecimientos deproporcionados es testimonial, positivamente intelectual, pro sin dar nombres y apellidos, sea de personas físicas o jurídicas.
El caso es que nadie --o casi nadie-- menta a los amancios ortegas, ni a los villares mires, ni a los alejandros agagues ni a los inventores de ikeas que compran en el Tercer Mundo y venden en el Primero multiplicando por diez y por veinte los costes de producción; en defenitiva, hay análisis acertados pero hay, también, silencios o prudencias estériles.
Saludos y gracias por el "post" y los comentarios.

El mendigo dijo...

Es cierto, Raíña. Hemos tenido que lidiar con todo tipo de policías. Ya se sabe que todos ellos, y en general todo el que porta un arma de fuego, cojean de la misma pata. Pero los carabinieri son más cutres todavía que los guardinhas portugueses. No tienen tan mala idea como los picoletos, pero son aún más ridículos con ese uniforme de hacer la comunión.



Sr. de la Vega, le agradezco sus (sinceramente creo que inmerecidos) elogios. Permítame subrayar de su comentario una palabra: MIEDO.

Me he dado cuenta que esa palabra falta en mi comentario y es precisamente la que resume la situación.

La xenofobia que existe en el pueblo es azuzada por los políticos (actúan como un catalizador) para crear un clima de desconfianza. Miedo al que es diferente.

De la misma forma, con estas medidas fascistas se quiere mantener al trabajador inmigrante atemorizado. Un trabajador con miedo es un trabajador sin derechos, un trabajador sumiso.

Y esto reza para los que autóctonos como para los foráneos.

El negocio del miedo.



Félix, ni tú ni yo somos responsables de la situación de la mitad pobre del mundo. no somos responsables pero nos beneficiamos de que así sea.

El salario que aquí cobramos nos permite pensar en comprarnos un coche, ropa bonita, salir de copas, hacer un viaje...etc.

Si ese mismo trabajo lo desempeñásemos en otro lugar, a lo mejor ganaríamos lo justo para traer comida a casa y ahorrar para unos zapatos nuevos dentro de unos meses.

Exactamente el mismo trabajo puede ser retribuido por diez veces menos dinero. ¿Por qué?

Porque las empresas transnacionales tienen unas relaciones económicas con los países empobrecidos que suponen, de hecho, un trasvase de riqueza de los países pobres a los países ricos.

Empresa de estado rico compra materias primas a estado pobre, pagando cuatro duros (en ocasiones a otras empresas del sector primario del estado rico radicadas en el país pobre).

Estado rico transforma esas materias primas en su planta del estado pobre, pagando una miseria por los salarios y contaminando todo lo que le venga en gana.

Estado rico vende productos terminados a todo el mundo, también al estado pobre. Los beneficios de la empresa del estado rico se quedan en el estado rico, a pesar de haber sido generados con materias primas y mano de obra de estados pobres.

Estas empresas tributan en los países ricos, haciendo subir su nivel de vida y la riqueza del estado ya antes rico.

Por eso nosotros cobramos 10 veces más por realizar el mismo trabajo que un trabajador marroquí.

El capitalismo es una cinta transportadora que saca dinero del pobre para dárselo al rico. Y esto funciona a nivel individual, como regional o continental.

El problema no son los Amancios Ortegas. Si no hubiera esos, habría otros. Ellos cumplen con el papel que el sistema les ha adjudicado, igual que el último de los curritos.

El verdugo que pone la inyección letal en Texas no es menos criminal que el resto de la ciudadanía que mantiene este crimen institucionalizado.

El problema no son las personas: es el sistema.

El mendigo dijo...

Por cierto, había pensado hace tiempo hacer un post donde fuera recopilando las barbaridades del gobierno polaco. Ahora con uno de los gemelos caído, hace tiempo que no nos da "alegrías".

En su lugar, a lo mejor hago un post sobre Italia. O me sirvo de éste para ir enlazando barbaridades Berlusconiescas.

Por ejemplo: El ministro del Interior Italiano se plantea crear guettos para putas


¿Qué tienen en común Italia y Polonia?

Pues eso.

miguelmie dijo...

Yo quiero crear guettos para ministros

;)

marialob dijo...

Hola Mendi, hace tiempo que no comento nada en tu blog porque últimamente tengo que repartir mi tiempo libre en otros queaceres, pero aquí me tienes, incondicional como siempre con tus posts que denuncian la violación de los derechos humanos. Gracias por hacer que nuestras conciencias no se atrofien.
Un abrazo

El mendigo dijo...

Hola María!

Todos hemos de poner un granito de arena, para que el valor de una vida humana pese más que una saca de billetes de banco.

En eso estamos, luchando por lo que de verdad importa. las Humanidad, la Naturaleza, la Libertad.

Desde nuestro rinconcito en el mundo y el ciberespacio, sabiendo que no estamos solos.


Miguel, ¿y que te parece la idea de meter a los 25 ministros de interior europeos en una patera? ¿o en un "centro de internamiento"? ¿O a la espera de saltar la valla de Melilla? ¿o detenidos en una comisaria de Aluche?

¿Cómo era ese dicho? Ah, sí: "Antes de juzgar a tu prójimo, anda cinco lunas con sus zapatos"

El mendigo dijo...

Vaya!

Parece que la rebeldía empieza a progresar entre los que no tienen nada que perder:
Trabajadores sin papeles franceses se declaran en huelga

Algo similar había pasado en los USA. ¿Para cuando una en Italia? O mejor, una huelga general de inmigrantes sin papeles en Europa.

La de mierda que ha salido por la boca de algunos, tendrían que volver a comérsela.

El mendigo dijo...

Otros enlaces, a dos artículos sobre el tema de Javier Ortiz:

Una subespecie de usar y tirar
El rapto de Europa