22 de mayo de 2008

Valle d'Aosta

Si el año pasado estuvimos conociendo el lado saboyardo de los Alpes, este año hemos querido visitar la vertiente valdostana.

Entre medias, para no hacerlo demasiado monótono, iremos intercalando fotos de la Provenza y la Auvernia que sacamos en el viaje de vuelta (el de ida lo hicimos del tirón, con un par).




Esta es una foto extraña. Es una mariposa diurna, durmiendo. Al sacar el flash, las escamitas de las alas han mostrado un esquema de colores que el ojo humano no es capaz de percibir (esas manchas rojas de los extremos).










La catedral de Bayona
























































La capital, Aosta




























El centro de la herejía cátara: Albi.










Una gamuza pequeñaja al borde del precipicio (debe ser una putada nacer gamuza y tener vértigo).










Lo que queda de una abadía cisterciense en pleno corazón de la Provenza.





























Los brotes de un alerce por el que vuelve a discurrir la savia retiradas las nieves. Es la única conífera (al menos que conozca) caducifolia, y una de las especies más resistentes al frío. Donde las demás especies son incapaces de subsistir, por encima de los 2000m, empiezan los bosques de alerces.










La estación de Turín.










Una bola de pelo multicolor que encontramos en Donnas, al lado de la vía consular de las Galias.


































































Interior de la Catedral de Mende:







































Otra anémona vernal:



















Y nos volvimos a encontrar con estos bichos adorables y taaaan parecidos a nosotros: las marmotujas.




















Al rato estaba nevando. ¡A mediados de Mayo!










Un acueducto romano, en la localidad de Pont d'Aël. Por arriba circulaba el agua y, por debajo, en un pasillo iluminado por las aberturas que veis, circulaban las personas. La gran mayoría de los topónimos en Aosta son en lengua franco-provenzal. A la llegada de Mussolini al poder, fueron italianizados, en este caso como Pondel. Como Sanjenjo o Ginzo de Limia, vamos. A todos los fascismos les molesta la diversidad y son tan impermeables a la cultura como la caja de este acueducto lo es al agua.















































Esta foto está tomada el día 13 de Mayo y, sin embargo, aún es invierno. La altitud no es mucha, 1800m, pero el valle está orientado de forma que la insolación es aún insuficiente para hacer brotar los alerces (está al Norte de un 4000). Al fondo, unos arbustos están volviendo a la vida, y sus brotes se encienden con tonos cálidos que preceden a la explosión verde de una primavera que aquí llegará bien entrado Junio.










Susa, la primera villa italiana que te encuentras si cruzas por el túnel del Frejus (muy caro, nosotros dimos el rodeo por Briançon y el puerto de Montgenèvre para ahorrárnoslo).










En el valle, los tejados son de grandes losas de piedra. Pero en las zonas donde el frío es más duro, un tejado de madera copnerva mejor el calor. Eso sí, exige más cuidados...






































El claustro de Sant'Orso, en Aosta capital:





















A este bicho nos lo encontramos en el último pueblo antes del mítico puerto de San Bernardo (¿nunca os habéis preguntado porqué esos perros se llaman así? Buscad la historia, es muy curiosa). En invierno le vendrá bien toda esa montaña de pelo.










Esta foto me produce verdadera desolación. Si ni esa montaña resiste al tiempo. ¿Qué será de mi?






























La catedral de Rodez, con la sillería iluminada con verdadero acierto.





















En este agujerito cabrían, bien apiladitos, una decena de camiones. Todo nevado, caer en una hoya de estas puede ser una trampa mortal.




























La dulce Francia.











Acabé con la lengua fuera de perseguir a este cabrón (por una vez, hablo con propiedad). Es el íbice con mayores cuernos que he visto en mi vida. Al final le saqué esta foto, que no está muy allá, pero el corazón me latía tan rápido que no era capaz de tener la cámara quieta. Lo que él subía de dos saltos a mi me costaba un infierno. Hubiera sido bonito que siguiera un poco más hacia delante, para sacar su silueta recortada en la montaña nevada de enfrente, pero no estaba por seguir el guión. Es la última foto que le saqué. Luego se cansó de la persecución y emprendió una corta carrera en la que se puso fuera del alcance de mi objetivo.










Château de Vèrres (dentro del Estado Italiano, pero prefiero respetar la lengua original).































El nombre común de la bella es cejialba (miradle a los ojos y entenderéis porqué). El nombre científico es bastante más extraño: Callophrys rubi
















































Esta belleza se llama Aurora. Para Linneo, Anthocharis cardamines.



















Si juntas la multitud de cursos de agua con los angostos desfiladeros, entiendes que Aosta sea la tierra de los puentes.




















Debajo de los oropeles, no hay más que barro cocido.






























































Las gargantas del Ardèche. En la mitad del bosque, intencionadamente aislado por acusado meandro del río, se distinguen las ruinas de una Iglesia de la Orden del Temple. Que puta manía tenía esta gente de construir sus edificios en los lugares más inaccesibles.











La más bonita de las hadas del bosque.





















Albi. O como demostrar que con ladrillo se construye más alto que con piedra, por menos dinero, e igual de duradero (hay obras romanas en pie que lo emplean). Me hace gracia, por el odio que el palurdo medio le tiene, pues lo asocia a casa de pobres. El empeño (y el dinero) que se gasta la gente en ocultar la obra de ladrillo tras losas (a veces de unos pocos centímetros) de piedra. En fin...









































Una de las plantas más socorridas de la farmacopea tradicional: la genciana.
















































































Un íbice de menor cornamenta que el anterior, pero bastante más simpático.




















Albi de Nuevo. Todo el pueblo, hasta el río, es del mismo color.










Caminante no hay camino...










No sólo el tejado, también las paredes son de madera. No eran tontos nuestros abuelos, la madera es uno de los materiales con un mayor coeficiente de resistencia térmica. Vamos, que mejor guardan el calor. Esta forma de construir parece que es importada de los pueblos germánicos que poblaron parte de los valles alpinos en la Alta Edad Media (los Walser).








































Homenaje a la nena, que a pesar de sus añitos y sus achaques, aguantó el palizón de 5200Km sin pestañear ni consumir una gota de aceite. De aceite, ni una gota, pero de gasóleo...




















Esta me recuerda al estallido de los fuegos de lucería.




FIN

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